La importancia de ponernos límites

En la vuelta a las aulas, con la situación actual, los profesionales del aprendizaje vamos a encontrarnos en situaciones complejas en las que conocer hasta dónde queremos llegar marcará la diferencia entre la tranquilidad y satisfacción frente al desequilibrio y la frustración.

Hace 6 meses que las criaturas no se separan de sus familiares, hace más de 180 días que tuvieron que «huir» de su contexto escolar porque había un virus acechando su salud, hace más de 12 semanas que consiguieron volver a las calles a colorear los días con su presencia… durante ese tiempo han tenido que aprender y asimilar que las relaciones con sus iguales cambiarían por completo: la primera vez que se encontraron con una amiga, dudaron el abrazo pidiendo permiso con la mirada a los adultos que les habíamos hablado de cómo se transmite ese bichito. Vuelven a un colegio que fue suyo, vuelven quizá con suerte a reencontrarse con los mimos compañeros que dejaron. En esa nueva realidad intoxicada por la incertidumbre nos encontraremos con ambientes emocionales complejos: ¿hasta dónde vamos a llegar como acompañantes, como docentes?

Es importante que cada quien conozca sus funciones y obligaciones y, desde ese conocimiento, establezca sus límites en el trabajo. De este pequeño detalle depende nuestra «salud mental», nuestro equilibrio, nuestro descanso nocturno, nuestra renovación de energía.

¿Qué pasa cuando no ponemos límites a las criaturas? ¿Qué pasa cuando no nos ponemos límites en nuestro trabajo? Nunca sabemos si hemos hecho todo lo posible, nos movemos en la duda de si era nuestra responsabilidad o no, nos sentimos insatisfechos…

A muchos nos tocará sostener… ¿hasta dónde? Es una decisión personal, va más allá de un acuerdo de nivel, de ciclo o de claustro. El centro va a proponer los mínimos y, desde ahí, cada persona va crear su «protocolo», su forma de responder a las necesidades de las criaturas.

Y siempre con una máxima presente:

solo damos lo que somos.